LOS PLATOS SIN NOMBRE

Me subí en un viejo neceser lleno de hilos, botones y alfileres para usarlo de escalera y alcancé de un tirón las revistas de Buen Hogar del clóset.

Me subí en un viejo neceser lleno de hilos, botones y alfileres para usarlo de escalera y alcancé de un tirón las revistas de Buen Hogar del clóset.

En 1985 yo tenía seis años y de esto sí me acuerdo: Estábamos hechos de leche y pan porque la vida hace unos años se basaba en otros informes y datos a esa edad.

Sacar un hueso de cereza puede ser la escena de un crimen. Mientras miro mis manos dramáticamente encerezadas, reflexiono en muchas cosas que compro y que yo considero útiles como la amplia variedad de utensilios y cosas de cocina:

Por fin veo claro y tengo un momento de respiro para escribir en malabarista. He tenido mucho trabajo de diseño en este primer semestre de año y el trabajo rutinario de la vida que a veces me atrapa; pero qué re bonito se siente cuando puedo estar aquí y qué bonito se siente cuando en mi exploración a veces inconclusa y sin respuestas de vida, sí encuentro respuesta en unos camotes rellenos: son una delicia con distintas capas de sabor que se han vuelto mis favoritos.