Enjambre de nueces.

Es verdad que las fracturas duelen con el frío y también es verdad que no sé por qué, pero se antojan las cosas dulces.

Como aquí trato de mantener un poco a raya las harinas y los azúcares, me acordé de estos enjambritos que hace tiempo hice, es una bola crujiente deliciosa.

El otro día platicaba con alguien acerca de por qué somos lo que somos y me decía que somos los recuerdos, las vivencias y las experiencias que vivimos de niños. Todas se juntan; unas cosas brillan más que otras y es importante revisarlas cuando te haces consciente de ellas.

No cabe duda de que todos somos un enjambre. Tenemos pegadas cosas buenas, malas, de todo tipo y las vamos cargando con nosotros.

A veces pienso que es natural que solo queremos más de lo bueno y sentirnos bien todo el tiempo. ¿A quién le gusta sentirse mal?, nadie. Pero a veces dejar salir lo malo también es útil e importante.

¿Cuántas enfermedades y cosas no salen por almacenar o aguantar algo? El cuerpo es sabio y se manifiesta.

Con los años me he dado cuenta de que a veces llega a ser un tabú cuando uno toma ciertas decisiones que posiblemente para otra persona no tengan sentido, y es que nadie sabe lo que cada quién va cargando o acumulando. Creo que muchas veces, la edad te va poniendo diferentes retos que ayudan a organizar tus prioridades y deseos de “pegarte” otras cosas, otras maneras.

Esa misma semana platiqué con alguien más y me dijo: «Malabarista es tu obra maestra». Me sonreí que lo llevaran a la altura de una “obra”. Entre otras cosas que platicábamos, recuerdo lo que me ayudó en muchos sentidos bonitos de mi vida poder crear Malabarista, pero no olvido que viene de un lugar donde no era todo perfecto.

Poder crear algo alterno donde yo le doy forma a muchas vivencias y cosas que me han pasado es aprender a habitar esta vida con todo lo que tengo pegado: con lo que me encanta, me fascina, me emociona, me ilusiona, pero también con lo que me duele y que siempre va a doler o con lo que a veces me angustia.

Si está bien o mal, no lo sé, cada uno encuentra su creación y manera de estar, para mí siento que es como si Malabarista fuera un intermediario entre todas esas cosas y de paso, agrega mucha vida y aprendizaje en las cosas más simples y rutinarias como ver los frascos de nueces por separado y pensarlas en un crujiente y bonito conjunto.

Cuando veo este enjambre, pienso que cada nuez sola es muy buena, es perfecta, pero no sabe el poder que tiene cuando se junta con las demás y crean algo nuevo. Es como una cosa casi colectiva de poder. Pienso que sí es posible poder con todas nuestras partes. No es fácil, pero lo importante (e indispensable) es tomarlas y verlas con cariño para poder transformarlas cuando es necesario.

Como estos enjambritos, todos tenemos una historia pegada, compleja, triste, feliz, de batallas, y todo está unido porque, pues, al final es lo que te hace ser quien eres.

Al final, Malabarista empezó también como un juego desordenado, un bonito caos de deseos y temas distintos pero que se unieron para aprender a estar en un lugar mejor.

Es un juego que creo que existe porque hay libertad y, si hay libertad, hay mucha gratitud. Yo usé mucho la parte de escribir como parte de este juego. Malabarista me ayudó a ordenar esas cosas complejas, pero mostrándolas de otra manera. Así les puedo poner detalles, un poco de ficción; me ayuda a organizarlas, analizarlas.

Pienso que al final todos somos como un enjambre y, si aprendemos a acomodarlo así, aunque esté todo pegado, lo bueno y lo malo, podemos hacer algo muy disfrutable.

Se pueden cargar muchas cosas complejas pero también se pueden transformar, volverlas más dulces y más generosas hacia nosotros, y claro, muy crujientes, como estos fáciles enjambres.

Enjambre de nueces.

1. En un bowl, pon un buen surtido de nueces (yo usé nuez de la india, almendras, semillas de calabaza y cacahuate y me encantó el resultado). Mezcla sobre ellas 2 -3 cucharadas de miel de agave o de arce. Yo me clavo en eso del índice glucémico y a veces pongo muy poca miel de agave y subo el sabor con estevia en polvo. Agrega canela en polvo y una cucharadita de vainilla. Debe quedar húmedo para que todas las nueces se peguen y al ser la miel de agave tan líquida, todo se humedece bien.

2. En un molde de silicona o sobre papel especial para hornear, forma las bolitas. Hornea aproximadamente 15 minutos a 250 °F. Hay que cuidar el nivel la charola o girarla dos o tres veces porque se quema muy rápido; hay que cuidarla bien. IMPORTANTE: No desmoldes hasta que estén completamente frías porque, si no, se van a desbaratar.

Es un snack delicioso con un café o un té. Puedes guardarlas entre papelitos encerados para que no se peguen entre ellas en un recipiente hermético.

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