No todo siempre fue así…
Hace muchos años, en una tarde de psicoanálisis surgió el nombre de “malabarista”. El blog me ayudó a redescubrir que necesitaba tiempo y espacio para crear algo distinto, otra historia y aprender a instalarme en el bienestar. (Algo que era complejo para mí).
Malabarista es un proyecto que nació con ilusión a finales del año 2014 y se volvió como un jardín. Por aquí pasaron una tienda de productos para decorar hasta workshops de diseño y contenidos para mujeres emprendedoras. Hoy después de más de 12 años, es un espacio donde la búsqueda de las pequeñas cosas son una enseñanza diaria de alegría y agradecimiento.
Uno no es sólo una cosa y ya, y si bien disfruto mi profesión como diseñadora gráfica, escribir, poner una mesa, cocinar y una buena historia son las cosas que más disfruto -junto con un gusto desmedido en plantas-.
Malabarista me ha ayudado a aterrizar y sanar parte de mi historia; creo que todos tenemos rincones raros y con algunos faltantes y muchos artículos por aquí hablan de eso con una relación extraña con una receta o un recuerdo; la crónica junto con una narración visual se va de la mano entre un mix de palabras, platos y comida que espero disfrutes leer.
"La vida es la ocasión especial”
Hacer las cosas más disfrutables es un ejercicio para instalarse en el presente y hacer la vida más bonita.
Mi nombre es Lucy Barajas, soy de Guadalajara y además de presentar mi trabajo como diseñadora gráfica, en malabarista comparto mi gusto por la creatividad, la cocina, el diseño y todas las pequeñas cosas que me inspiran para una vida creativa y emprendedora.
Crecí dentro de la variedad y los aromas de la cocina de mi mamá con muchos panes y postres recién horneados, recuerdo los intensos aromas de especias y el sonido de los múltiples proyectos en su máquina de coser Singer. Todo era muy visual en la cocina y desde niña le tomé cierto amor y curiosidad a las cosas de casa. Aprendí mucho de hacer arreglos aquí y allá de verla sacando charolas del horno o cosiendo un par de cortinas.
Pienso que el primer acercamiento visual que me ayudó a descubrir mi lado creativo y captar algo fue la fotografía. Desde muy pequeña mi papá me prestaba su Pentax K 1000 enseñándome con increíble paciencia a observar muy bien y “recorrer visualmente todo el cuadro” con atención. Le encantaba tomar fotos de su familia; hoy creo que más allá de gustarle plasmar recuerdos intentó tener algo que no tuvo. Dudé de estudiar formalmente fotografía pero creo que tomar la cámara fue el medio que años después me acercó a estudiar diseño gráfico.
Un encuentro con la decoración y la cocina:
La primera vez que viví sola en un pequeño departamento, con dos sillas, dos plantas, una cama, un par de sartenes y cuatro platos regalados por mi mamá, me enamoré por completo de la sensación de libertad de poder cambiar, probar, mover y jugar con la decoración.
Creo que mucho de estos “instintos” visuales de orden y estilo de alguna manera los practico desde hace años como diseñadora gráfica. Hoy es algo que de verdad disfruto mucho.
De muchas mezclas.
Soy obsesiva para mi trabajo de diseño y ahí me queda bien, (en otras cosas de la vida no tanto). Mi mente es inquieta, creativa, visual, obsesiva en partes y llena de imágenes. No tengo un estilo muy definido pero me inclino por lo natural, neutro, rústico y algo suavemente brillante y ecléctico. Me gusta arreglarme en distintos estilos, me enamoro fácilmente del orden y las recetas de cocina; los espacios con plantas me llevan a una calma casi celestial y los objetos con historia, platos viejos o las fotografías antiguas me parecen un tesoro. Ya casi no como azúcar pero confieso que me vuelve loca la receta del pay de manzana que hacía mi mamá cuando yo era niña, tengo unos años haciéndolo y me sabe a infancia, puedo comerme medio pay en un día porque la otra mitad ya la tengo que compartir con mi esposo al que tampoco le dejo comer azúcar.
Siempre imagino reuniones interminables con comida rica y platos bonitos. Me gusta servir, ser anfitriona y que las personas pasen un momento rico y especial en la mesa. Las mezclas de estilos a mi manera me dan un extraño disfrute que puedo estar horas imaginándome como contrastar el color y objetos para una reunión. Creo que es mi forma de expresarme y dar cariño.
"Malabarista es como una receta que no siempre te queda igual.”
A veces se va algo de más y necesita que le quites o le pongas extra para equilibrarla; es aprender a re significar eso que pasa cotidiano.
Siempre he pensado que todos tenemos una historia que contar, creo fielmente que sin importar un estilo o profesión en particular todos tenemos un lado creativo, con el que podemos jugar y hacerlo parte de nuestra vida diaria.
La inspiración está ahí y surge en muchos momentos del día, sólo tenemos que observar poner manos a la obra y disfrutar.
Los contenidos de malabarista en el blog y en sus redes sociales malabarean con muchas cosas: entre lo que se disfruta, se trabaja y más que hablar de un sólo propósito de vida es un lugar de inspiración y una celebración de las pequeñas cosas.
En el blog encontrarás recetas, artículos con diseño, el nostálgico y práctico diario de un freelance con consejos que a mí me ayudaron a emprender y otras historias personales llenas de color para motivar la búsqueda del equilibrio (si es que existe uno).
Yo no sabía que iba a durar más de 12 años con malabarista. No sé qué, ni cuánto más sigue pero en los últimos años empecé a escribir distinto y más. Este año 2026 que estoy re decorando esta página, quién sabe, tal vez es porque busco más capítulos por completar.
Hablo mucho, escribo más y seguido me voy como hilo de media. Con los años me animé a contar esta historia de malabarista en unos videos en el aniversario (2025) que creo resumen muy bien todo este tiempo. Y es que, como un día escuché en mi psicoanálisis:
"Hay muchas formas de caminar en este mundo y para ti embellecerlo es una forma de decir estoy viva".
Es ese acto donde todo se disfruta al mismo tiempo, es un juego.
Malabarista es observar las distintas formas de la felicidad.

